PuroMarketing – Marketing, Publicidad, Negocios y Social Media en EspañolNueve de cada diez españoles asegura que las cosas, los bienes materiales, no dan la felicidad, pero sin embargo están convencidos de que ayudan bastante a conseguirla. Así lo demostraba hace poco un estudio de Vente-Privée en el día Internacional de la Felicidad. Comprar ayuda por tanto a estar más felices y cuando se está más feliz se compra más. Y, más allá de lo que implica en cuestiones de compras y más allá de todo lo que se gasta gracias a la felicidad, esta emoción se ha convertido en una especie de obsesión contemporánea, una suerte de elemento obligatorio que todos tenemos que perseguir. Lo dicen los artículos de las revistas, lo dicen hasta los médicos cuando te recomiendan que lleves una vida sana y feliz y lo dicen hasta las tazas en las que te tomas el café de la mañana. Todos queremos (y tenemos) que ser felices.

Esta obsesión con la felicidad ha generado muchas cosas. Para empezar (aunque esta sea la conclusión final y el elemento en el que acabó culminando todo esto) algunos consumidores y algunos analistas ya empiezan a reivindicar el derecho a estar tristes y el derecho a simplemente no estar todo el día como si fuesen los protagonistas de una idílica imagen de los 50. El mundo no es en colores pastel y no todo lo que ocurre (y no todo lo que uno debería esperar) es digno de subir a Pinterest o a Instagram. Al fin y al cabo, y aunque pueda parecer sorprendente, ya lo decían en una noticia de fútbol hace unos años: “todo el mundo tiene derecho a estar triste, aunque seas Cristiano Ronaldo”. “En el mundo actual es bastante común negar la tristeza”, explicaba a SModa en una artículo sobre la importancia de la tristeza la psicoterapeuta Gestalt Lola Sánchez Lebrato, “nuestra cultura del bienestar niega todo lo que tenga que ver con el dolor”. En la sociedad actual, estar triste está casi prohibido.

Pero, más allá de lo que pueda pasar con la tristeza y con la reivindicación de la misma (y no hace falta ser un romántico decimonónico para ello), la felicidad y la obsesión con conseguirla ha tenido otros impactos y otras consecuencias. Continuando con ella y con sus ramificaciones, la felicidad se ha convertido en un valor al alza en el mundo de los negocios y en la construcción de marca. Si la felicidad es lo que todo el mundo busca, las marcas no harán otra cosa que dársela.

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Fuente: PuroMarketing