El marketing que cambia una cultura no se basa en lo que un profesional del área piensa, siente o financia. Cada vez que las organizaciones buscan atajos para ‘comprar’ la influencia sobre los clientes, otorgan muestras claras de habitar en otras épocas, la de esos ‘sábados’ eternos pegados a la televisión.

En cambio, si el foco de la gestión está centrado en el cliente; en su evolución, en su capacidad de ser una mejor persona, en consolidar sus asuntos financieros, en elaborar tiempo de calidad para su familia, entonces sabremos que tomamos el camino correcto. El desafío está en cómo aprendemos de ese ser humano, de sus sueños, decisiones y visiones.

Hagamos Posible el Cambio

Para cautivar a nuestros clientes y propagar una idea en ellos, necesitamos crear un relato claro, consistente y conectado con sus intereses. Para alcanzar este desafío podemos trabajar en los siguientes puntos:

  1. El primer paso consiste en conectar. Armar un mapa de fuentes de conocimientos del target; estudios, herramientas digitales, levantamientos de perfiles, datos – de toda índole-. La idea es hurgar lo más posible para levantar posibilidades de conexión.

  2. Luego, establezcamos una idea relevante. Después de habernos saturado de información, de agotar las instancias de conocimiento, es posible establecer definiciones respecto al cliente que nos permitan elaborar un relato que realmente se pueda contar, en base a una contribución a sus dolores o problemáticas que merezcan la pena.

  3. Al definir una problemática, entenderemos que el mercado se acota. Algunos expertos académicos hablan del ‘mercado mínimo viable’. Direccione los esfuerzos al desarrollo de acciones e ideas que propaguen el relato a unas cuantas personas, que se beneficien y, a la vez, logren beneficiarse de ella.

  4. Comprobemos que la historia que estamos contando calce con los códigos, momentos, canales y  expectativas de esa ‘camada’.

  5. Recién en este punto, es cuando logramos entusiasmar a todo el mundo. Al equipo que trabaja en la consecución de los objetivos y a los clientes que empiezan a sentir que conectan con una promesa real. Hagamos que la idea se propague.

  6. Finalmente, solo nos queda asegurarnos de que nuestra idea se mantenga presente; de manera consistente y generosa. Que se beneficie del feedback de los clientes y de los aprendizajes levantados. Construya un caso y cuente la historia a todo el mundo, cambie su propia cultura.

El marketing centrado en el cliente hace posible el cambio, siempre que aprendamos de sus  intereses divergentes. Entregando mensajes anticipados, personales y relevantes que la gente realmente quiere recibir.


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