No es cuestión de azar que el futuro nos importe más que el presente, dado que analizar constantemente el porvenir es un acto inevitable y propio del ser humano. 

Si lo observamos desde la ciencia, incluso desde una perspectiva evolutiva, nuestro cerebro ha experimentado un desarrollo constante, aumentando su tamaño y también el de nuestra corteza prefrontal (más que cualquier otra área). Y tal como explica en su libro “Stumbling on happiness”, el psicólogo de la Universidad de Harvard, Daniel Gilbert, “esta parte del cerebro le da al ser humano la capacidad de pensar en su existencia a través del tiempo”.

Sin embargo, por alguna razón, algunas personas se encuentran viviendo en una realidad constante, donde no se les permite ver más allá del ahora.

Una excepción biológica que, al parecer, se ha convertido en una regla. Dado que, si analizamos desde la perspectiva organizacional, sólo el 6,3% de las empresas en Chile, son capaces de configurar potenciales ventajas de futuro (Fuente: Future Index).

Una realidad que preocupa, sobre todo en momentos tan inciertos y críticos para el desarrollo económico de las naciones.

Sin dudas, vivir el presente es importante y más aún en el contexto en el cual nos encontramos, pero la capacidad de pensar en escenarios de futuro, permite ampliar ilusiones y encontrar mejores procedimientos para alcanzar objetivos deseados.

De acuerdo con el diagnóstico de Cristián Maulén, Director del Observatorio Sociedad Digital Unegocios FEN de la U. Chile, “como sociedad nos encontramos en un estado liminal, donde el presente y el futuro se han unido y esto se debe a los acelerados cambios que ha impuesto el contexto”.

Es por esta razón, que podemos evidenciar cómo los consumidores adoptan nuevos formatos, donde, por ejemplo, 5 de cada 10 personas aumentan su tiempo revisando servicios digitales, el consumo de internet ha crecido en 15,2% desde el comienzo de la crisis sanitaria y se estima que 3.8 millones de personas de la Región Metropolitana de Santiago, declara trabajar desde sus casas. 

Entonces, ¿por qué es tan importante hoy pensar en el futuro? 

La popular frase: “el futuro es ahora”, nunca fue tan cierta como hoy. El ciudadano ha presentado cambios tan acelerados durante el último año, principalmente en cuanto a la definición de sus necesidades y prioridades, afectando tanto sus comportamientos, hábitos y también sus canales, generando repercusiones desde la forma en cómo socializan, hasta en cómo y dónde prefieren consumir. 

Así mismo, sus percepciones sobre temáticas sociales, medioambientales, económicas y tecnológicas se agudizaron aún más, generando territorios altamente complejos, pero que. a su vez, se transforman en una gran oportunidad de valor para las organizaciones. 

De acuerdo con Pedro Hidalgo, Director Dpto. Administración FEN U.Chile, “los rápidos cambios que experimenta el cliente en un escenario dinámico y sin precedentes, han alborotado la tradicional forma de operar de las empresas y organizaciones, que no estaban preparados tecnológica ni logísticamente para una reestructuración digital”. 

Y según concluímos en nuestro artículo “¿Cómo eficientar la experiencia de servicio ante el nuevo consumidor?”, las organizaciones deben centrarse en las áreas que, sin importar las presiones o circunstancias, siguen siendo esenciales para toda organización: 

1- Prever con precisión.

2- Comprometerse con fortalecer las experiencias.

3- Generar satisfacción para gestionar lealtad. 

Estos puntos, con la adaptabilidad como eje central, ponen fin, según Fernando Calvo, Gerente de Innovación y Ecosistema Banco BCI, al paradigma de las cadenas de valor, “dando paso a la orquestación, colaboración y diseño conjunto, donde una empresa que tenga mejores capacidades digitales y acceso a una mejor tecnología, debe construir junto a otras, mejores soluciones centradas en el cliente”.

Pero, ¿cómo deben prepararse las organizaciones para el Futuro? 

El estudio Future Index 2020, analizó cuán preparadas se encontraban las empresas en Chile de cara a los próximos desafíos que impone el contexto, y para ello consideró seis dimensiones clave en la construcción del Índice de Adaptabilidad al Futuro – IAF, entre las que se encuentra adaptabilidad, anticipación, madurez digital, agilidad, liderazgo de futuro y gobierno de datos. Elementos que sirven para orientar los puntos que cada organización debe considerar si está pensando en dar su siguiente gran paso. 

Adaptabilidad:

De acuerdo con el reporte, es considerado como la “capacidad de una organización de mantener un proceso de aprendizaje continuo a través de un propósito movilizador y que en circunstancias adversas pueda estar sujeta al cambio, sin perder sus objetivos, validando sus cualidades resilientes”.

Heráclito de Éfeso, aseguraba que el cambio es una constante del universo. Todo se transforma en un proceso de continuo nacimiento y destrucción del que no se escapa nada y, por supuesto, las organizaciones tampoco.

Las compañías deben enfocarse en planificar sus acciones y gestionar el control de la mayor cantidad de elementos posibles para asegurar el continuo desarrollo de su organización, incluso ante escenarios adversos, donde el factor humano y sus habilidades personales, también son una variante de gran relevancia. 

Anticipación:

Toda compañía debe situarse en escenarios hipotéticos con tal de detectar las principales debilidades que dilusilarían para poder trabajarlas con anterioridad. Sin embargo, es normal que, al menos en occidente, nadie haya considerado una crisis sanitaria a gran escala.

La capacidad de anticipación, es definida en cómo una organización logra ser capaz de “visualizar escenarios futuros, a través de una dinámica grupal que promueva procesos de innovación radical, medibles y aplicables en entornos de alta incertidumbre”.

Este año, sin dudas ha dejado una gran enseñanza en considerar todos los factores, incluso los más impensados y cómo poder trabajar en ellos para el fortalecimiento de su organización. Los cambios fueron demasiado acelerados y así mismo, hubo varias compañías que contaron con las capacidades necesarias para dar frente. 

Madurez Digital:

Es “el más alto nivel de progreso de la actividad mental de la organización en cuanto a su desarrollo tecnológico; donde centra su modelo de negocios”. Pero, ¿cómo detectar si he logrado alcanzarla? 

Para ello es importante considerar el grado de conciencia digital a la hora de tomar decisiones estratégicas centradas en el cliente, pensar siempre desde una perspectiva de “lo digital” y ser consciente en cuanto inviertes en tecnología y en la capacitación de sus colaboradores en el uso de herramientas. 

Agilidad:

Se considera como “la capacidad de una organización de focalizar sus incentivos en responder rápida y eficientemente ante una necesidad emergente, mediante un entregable de valor incremental en función de su medición progresiva”.

Si el negocio es cambiante y dinámico, sus procesos deben seguir este ritmo. En un mundo ágil, los procesos deben ser suficientemente sencillos para permitir flexibilidad y facilidad de mejora. Pero bien, si nuestro objetivo se centra en el cliente, es imperante aumentar la agilidad que ofrece el proceso y en los métodos que se utilizan para desarrollar o administrarlos, por sobre las actividades individuales de cada colaborador. 

Liderazgo de Futuro:

Este punto es esencial en el estudio, dado que mide las capacidades que poseen los líderes de la organización a “establecer una cultura que hace frente a los entornos turbulentos, inciertos, complejos y ambiguos, donde se destaca la agilidad en el accionar, por el propio valor de la experimentación y el aprendizaje a través del fracaso”. 

La mayoría de las organizaciones de hoy en día se sustentan sobre estructuras verticales, donde no todos pueden cooperar de la misma forma. 

La tendencia es ir asumiendo progresivamente un modelo más horizontal, basado en la colaboración. Será necesaria más inteligencia colectiva, para que en los procesos de toma de decisiones participen cada vez más personas y el liderazgo potencie ese agente de cambio.

Gobierno de Datos:

Disposición de una organización para gestionar y disponibilizar información de terceros y propia, garantizando el correcto tratamiento y seguridad de la misma. 

La estabilidad contribuye a dar dinamismo a la toma de decisiones, pero de forma coherente y cuidadosa. Ante esto, es importante dejar en claro que para que los colaboradores puedan dar sus opiniones y tomar decisiones, deben ser un elemento estable del modelo operativo de una empresa ágil.

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Finalmente, el común denominador de los elementos antes descritos, radica en la importancia de democratizar la información y la participación al interior de las compañías, asegurando que aquellas organizaciones enfocadas en escribir el futuro, sean a su vez capaces de motivar a sus colaboradores a jugar con sus propias habilidades. 

Lograr generar un alto nivel de competitividad, a su vez estandarizado, permitirá situarse a cualquier organización en condiciones óptimas de innovar, enfatizando en la colaboración, digitalización y el trabajo en equipo.  

Si desea usted conocer qué tan preparada se encuentra su organización a los próximos desafíos que impone el contexto, lo invitamos a realizar su medición a través de nuestra Plataforma de Impacto, dónde podrá conocer diversas soluciones para conectarse, dialogar y generar experiencias de valor a sus clientes. 

Además, lo dejamos cordialmente invitado a conocer nuestro Centro de Conocimiento, donde ponemos a su disposición nuestras experiencias, estrategias y casos de éxito sobre diferentes temas e industrias para ayudarlo a enfrentar estos nuevos y complejos escenarios.