¿Sabes quién está viendo tus últimas publicaciones en tus cuentas de redes sociales y con qué fin?

Somos la generación de las redes sociales. Somos la generación que gusta de compartir momentos familiares, de celebración e incluso de tristeza en alguna plataforma, sea esta Instagram, Twitter o Facebook, entre tantas otras. Pero, ¿cómo podemos saber si los datos que introdujimos, por ejemplo, en una encuesta sobre gustos y afinidades, no servirán para fines más oscuros que el simple deseo de compartir con la comunidad global que se ha creado gracias al internet?

Como relatamos en un artículo anterior sobre FaceApp, la aplicación que en un par de días rompió todos los récords y que nos tenía viendo las timelines repletas de fotos de nuestros contactos con algunas décadas de más en sus rostros. Pero a la vez descubrimos que tenía otro fin más que el de simplemente compartir el cómo lucirías en un futuro: recabar datos que pueden servir para identificarte por tus rasgos faciales; y estos datos están a la venta para usos que creemos no haber autorizado. 

No se trata de un engaño a ciegas, sino más bien un engaño por pereza. Pereza de no leer la sección más larga del contrato antes de crear nuestra cuenta en una red social, llamada “Términos y Condiciones”. Al dar clic en la aceptación de estos términos y condiciones, aprobamos el uso de nuestra información para los fines que allí se explicitan pero que pocos leen y tienen en consideración, dando luz verde al uso de nuestros datos personales de formas que aún son difíciles de entender. 

Ahora somos el producto

El pasado fin de semana, Netflix estrenó el documental The great hack (Nada es privado, en la versión para Latinoamérica). En las casi dos horas de duración, los creadores Karim Amer and Jehane Noujaim nos cuentan cómo los datos que vamos entregando voluntariamente no se evaporan en una nube cibernética, sino que son utilizados por una industria de miles de millones de dólares y que está en constante expansión. 

Con el concepto de que nos hemos transformado en el producto de esta industria, el relato nos lleva a cómo la información que entregamos, ya sean tarjetas de crédito, direcciones, búsquedas en internet, los “me gusta”, solo sirven para completar nuestro perfil en tiempo real, dándole esta valiosa mercancía a cualquier comprador de datos que obtendrá acceso inmediato a nuestra privacidad, emociones e impulsos. 

Como usuarios de esta tecnología y como personas, lo que más nos cuesta aceptar es la posibilidad de que quizás estemos viendo una realidad filtrada gracias a esos mismos datos que entregamos tan fácil y sin ningún remordimiento. Nos cuesta aceptar que hemos sido manipulados y que los grandes cambios que estamos viviendo a nivel mundial, muchos de estos negativos y de gran impacto en el bienestar social, son producto de estudios minuciosos de nuestras preferencias y construcción mental. 

La pregunta es cuáles son los límites éticos del uso de esta información y cómo nosotros, como usuarios, podemos exigir que nuestras publicaciones no sean utilizadas al servicio de empresas sin escrúpulos que finalmente nos terminen ocasionando un daño por dar un simple like

Te invitamos a darnos tu opinión sobre este tema tan atingente para nuestro quehacer y esperamos leas la segunda parte de este artículo, la cual publicaremos en unos días. 


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