¿Sabes quién está viendo tus últimas publicaciones en tus cuentas de redes sociales y con qué fin?

Es difícil saber en qué punto de la transformación digital, el sueño de un mundo conectado se transformó en realidad en un mundo dividido. Leer las políticas de privacidad y uso de datos de las aplicaciones que usamos a diario, ya sea en nuestro smartphone o computador, se convierte en un acto de responsabilidad con nosotros y con la sociedad que nos rodea. 

En The great hack, el documental de Netflix del que te hablamos en la primera parte de este artículo, se cuenta cómo plataformas online como Youtube, Facebook, Google entre tantas más, se utilizaron para realizar un estudio psicológico y poblacional con fines electorales. 

En Project Alamo, la campaña del republicano Ted Cruz para senador de los Estados Unidos, en la cual interviene Cambridge Analytica (considerada la empresa líder en análisis de data a nivel mundial) se usaron los datos de votantes estadounidenses para identificar a los indecisos y las formas de influenciarlos para poder ganar la elección. Pero, ¿cómo funcionaba su metodología?

Predicción del comportamiento de los usuarios

Los datos que millones de usuarios entregaban libremente en internet, generaban datos psicográficos que permitían a Cambridge Analytica predecir la personalidad de cada adulto en EE.UU. bajo la premisa de que es la personalidad la que define el comportamiento y es ese comportamiento el que dictamina el voto. 

Al ganar Ted Cruz la elección senatorial, Cambridge Analytica comenzó a trabajar en la campaña de Donald Trump en 2016. Como los datos se estaban analizando a nivel psicológico, establecieron cuáles eran los puntos adecuados para ejercer influencia en votantes indecisos. Habiendo identificado gustos, temores y formas de actuar de esta población, acudieron al viejo truco: infundir miedo. Así comenzaron a alimentarlos con contenido digital muy concreto a través de las redes sociales. El resto ya es historia. 

Utilizando estas mismas herramientas lograron influir en votantes británicos en el referéndum de 2016 en Reino Unido, popularmente conocido como Brexit, y entregaron la receta a los jefes de campaña de Jair Bolsonaro para entrar en la mente de los brasileños y alterar su perspectiva de la realidad en una masiva campaña vía WhatsApp para ganar la elección del vecino país.

La guerra de los datos

Ya en 2013 fuimos advertidos que algo así podía ocurrir, pero por falta de información, comprensión y, quizá, de interés no supimos escuchar. Edward Snowden denunció al gobierno de EE.UU. de espiar a sus ciudadanos a través de Facebook y otras aplicaciones; y dispositivos conectados al internet. La verdad es que no sólo eran los estadounidenses los que estaban bajo vigilancia, sino que el mundo entero. 

Snowden abogaba a que el público debía saber lo que su gobierno hacía bajo la excusa de la seguridad nacional y que la información privada debía mantenerse en ese contexto, no ser utilizada con fines que atentaran contra la libertad de las personas y el libre flujo de la información; que los datos no se usasen para debilitar los sistemas democráticos. 

El entonces presidente, Barack Obama, actuó mediante una serie de iniciativas legislativas que resultaron ser insuficientes y poco efectivas, ya que dejaron a la población mundial vulnerable ante esta guerra del Big Data cuyas consecuencias recién podemos percibir. 

¿Dónde está el límite ético del uso de datos?  

Los datos que se recopilan sobre los consumidores (a una velocidad impresionante) continúan en aumento, expandiendo su alcance y profundidad; escenario que no cambiará mientras la tecnología ocupe una parte esencial en la vida de las personas. Es por eso que las organizaciones deben tener claro este límite y respetarlo bajo cualquier circunstancia. 

El primer paso es establecer una “Política de Privacidad” clara, tanto para nuestros colaboradores como para nuestros consumidores. Las prácticas internas en favor de la privacidad deben ser reforzadas y auditadas constantemente para que recolectemos los datos éticamente. 

En Customer Trigger, abogamos por un uso ético de los datos de los consumidores. Conocer a tu cliente no significa espiarlo ni menos invadir su privacidad. Es por esta razón que utilizamos medios legales y, sobre todo, medios que las personas conocen su finalidad y cómo los datos obtenidos serán utilizados. (Descarga el Informe Data-Driven Marketing 2019)

¿Quieres usar de forma adecuada la información que dispones, para mejor la experiencia y lealtad de tus clientes ?